jueves, 27 de marzo de 2008

La Quiaca- Yavi y cruce fronterizo a Villazón, Bolivia

LA QUIACA
De Iruya volvimos a Humahuaca. Llegamos una hora antes de que saliera el micro hacia La Quiaca, así que nos fuimos a caminar y recorrer un rato. Nuestra idea era pasar por lo menos una noche en La Quiaca ( se encuentra a 3500 msnm), pero ya a simple vista no nos gusto, mucha gente, mucho movimiento, y encima yo venia desde Tilcara con un intenso dolor de muela, de hecho en Tilcara tuve que ir al hospital a que me inyectaran algo que me calmara, porque a medida que ascendía el dolor aumentaba. Ademas de eso, al llegar a La Quiaca sufrí el MAL DE ALTURA, soroche o apunamiento. El dolor de cabeza, de cuerpo, las náuseas, la fatiga eran insoportables.



Acá les dejo algo de información sobre el mal de altura: 
Es la falta de adaptación del organismo a las alturas y todos los síntomas que esto presenta en el cuerpo (Intenso dolor de cabeza, fatiga o agotamiento físico, trastorno del sueño, náuseas, vómitos, trastornos digestivos, falta de apetito, agitación, disnea súbita nocturna, es decir, despertar de forma brusca con sensación de ahogo)
Generalmente se comienza a sentirlo a los 2500 msnm y, a más altura, más probable es que se lo note y se lo sufra. Cuanto más se asciende más disminuye la presión atmosférica y la presión del oxígeno y, así, el oxígeno inspirado es menor y allí es cuando se produce la hipoxia o falta de oxígeno en la sangre.
En algunas personas con suerte, el mal de altura no llega a manifestarse.
Para evitar el mal de altura o al menos llevarlo un poco mejor será necesario aclimatarse, no agitarse ni realizar esfuerzos físicos al menos durante los primeros días. Además, el día anterior a la llegada al lugar se recomienda dormir bien, comer liviano y evitar las bebidas alcohólicas.
En tanto, una vez en la altura será necesario descansar durante el primer día, realizar amplias inspiraciones de aire, subir de forma paulatina, hidratarse permanentemente, evitar el alcohol y el tabaco, comer poco pero, cuando se lo haga, elegir los carbohidratos y los alimentos ricos en azúcar, elegir comidas de fácil digestión como las frutas, abrigarse y evitar tomar tranquilizantes.

Cómo combatirlo o prevenirlo
Una buena opción y que en mi caso fue mas que efectiva, es el mate o té de coca como el primer remedio para comenzar la aclimatación. Se trata de las hojas de coca colocadas en una taza de agua hirviendo que se bebe sin problemas, su gusto no es desagradable y, además, ayuda a la digestión. Algunos se llevan, directamente, las hojas de coca a la boca. El método es sencillo: la hoja se deja a un costado y lo que se traga es el jugo amargo que ésta segrega.
Si vas en una excursión, a veces llevan tubos de oxigeno para atender a los viajeros que, en medio de alguna travesía, comiencen a sentir los síntomas y no puedan seguir. 
También existen unas píldoras que se toman antes de llegar al destino y, luego, cada ocho horas. Estas ayudan a mejorar la irrigación sanguínea en el cerebro y a aumentar la capacidad respiratoria. Se venden de forma libre.

Con este aspecto me dejó el Mal de Altura. Tomando té de coca que me preparó la amable señora de la casa, Norma.
YAVI
Llegamos a Yavi, que se encuentra a unos 16 km de La Quiaca, nos hospedamos en la habitación de una casita llamada Aires, cuya dueña era Norma. El lugar era hermoso, construido de ladrillos de adobe y en su interior la prolijidad y los detalles de todo, eran dignos de admirar,  ubicado al final de la callecita principal del pueblo. Lo primero que hice cuando llegue fue acostarme y tomarme el termo entero de té de coca que me había preparado Norma, realmente me sentía muy mal. Los chicos fueron a almorzar, yo me que quede durmiendo un rato. Cerca de las 16 horas me despertaron y nos fuimos nuevamente hasta La Quiaca, desde donde cruzamos a Villazón, Bolivia, a comprar cosas. El ir y venir de la gente en el paso fronterizo no se podía creer, parecían hormigas que cargaban  todas sus compras en sus espaldas. Al cruzar la frontera de Argentina a Bolivia y viceversa a nuestro regreso, nos dimos cuenta del poco control que hay, y tomamos conciencia de las cosas que deben entrar y salir a nuestro país, con dar tan solo un simple paso.

Yavi
Cruzamos la frontera nuevamente hacia Argentina, cenamos temprano en La Quiaca y volvimos a Yavi, yo me dormí tempranisimo, me seguía sintiendo muy mal. 
Al día siguiente ellos volvieron a ir a Villazón, yo me quede, me levante mas tarde, me duche, ordene, prepare el mate y salí, el día estaba hermoso, me senté en una piedra a disfrutar de todo eso que la vida me estaba regalando. Estuve un largo rato sola, hasta que llegaron los chicos, nos fuimos a comprar para comer y con Lu salimos a caminar y a recorrer todo el pueblo, primero costeamos un arroyo y después nos internamos en sus calles.


De todos los pueblitos que conocí este fue el que más me impacto, en cuanto a la quietud, al silencio, a la poca cantidad de gente, creo que en los dos días que estuvimos, no nos cruzamos a mas de 5 personas. Caminar por sus solitarias calles, oír el ruido del silencio del lugar, respirar el aire sin contaminar, observar cada detalle,  son sin duda, las cosas que no hay que dejar de hacer en Yavi.

Capilla de San Francisco
En 1680 fue consagrada la actual Iglesia de San Francisco, cuya construcción fue iniciada por los herederos de Bernardo de Ovando. Uno de ellos, Juan José Fernández Campero de Herrera , primer Marqués del Valle del Tojo, dotó al templo de los retablos y pinturas que actualmente pueden observarse, y que fueron especialmente traídas desde el Alto Perú para esplendor del culto y la conversión de los indígenas entregados en encomienda. Durante ese período se construyó la casa principal de la hacienda, conocida actualmente como "la Casa del Marqués" que perteneció a la Familia Fernández Campero.

Como no había lugares abiertos donde cenar, ni para comprar cosas para comer, la última noche le pedimos a Norma si no nos cocinaba algo en su casa, y nos despedimos de Yavi con una deliciosa cena, guiso de quinoa con tortilla de verduras.

Yavi, un lugar mágico, donde te olvidas de todo, del ruido, del tránsito, de los semáforos, de la tecnología, del estrés, de la inseguridad, un lugar que te transporta a otra realidad.



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